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jueves, 12 de junio de 2008

Esperando el gran paso


Por Andrés Mooney
Cuentan que, no hace mucho, un joven del barrio se acercaba por primera vez al club a practicar este deporte. Acompañado por sus padres, buscaban darle algún coscorrón a algunas conductas, típicas, adolescentes no tan benignas. Entusiasmado él, comenzó a acercarse de a poco. A medida que transcurría el tiempo, no se hacía tan difícil vendarse, los movimientos salían con naturalidad, y la pegada de sus puños dejaba con la boca abierta (aunque a algunos se las dejaba rota) a más de uno. Al poco tiempo destronó invictos, batió imbatibles, hizo a knockeadores knockeados. Hubo un cinturón provincial que, como dicen los que saben, (por suerte) se lo colgó en la cintura y no en la cabeza. Algún reconocimiento del diario más importante de la provincia, también le dio fuerzas para darle para adelante. A medida que fue pasando el tiempo el cabezal se tornó insoportablemente molesto, la musculosa apretada e incómoda, y los guantes quedaron muy grandes. Ya no se encontraban rivales que quieran toparse con él, se hacía muy difícil programarle peleas. Hará menos de un año que a un muchacho no tan muchacho, le sucedió una historia parecida pero al revés. Cuando el vendaje aburridamente salía sin si quiera darse cuenta, los movimientos emergían mecánicamente, y los resultados anunciaban “empate” o “perdida”, al poco tiempo se produjo el cambio. Su carrera amateur hizo un giro de 360 grados, y lo que antes eran caras largas se transformaron en sonrisas, y resultados ganadores. Volvieron las manos que se habían escondido tiempo atrás, esas que cuando se meten, se sabe lastiman. Volvieron los knock outs, las peleas épicas prendidos dando y recibiendo hasta que suene la campana y el árbitro se meta como separando dos fieras hambrientas. Hará menos de un año este joven me confesó luego de un revés en una presentación: “si no gano la que viene, me retiro”. Esa noche las cosas no le habían salido del todo bien, no le venían saliendo del todo bien. No es cosa fácil practicar un deporte tan duro de forma amateur sin recibir una buena remuneración a los 28 años, y menos cuando hay dos nenas por alimentar. Pero, cosas del destino, al poco tiempo se despertó y sucedió lo narrado anteriormente, las manos en alto por parte del árbitro anunciando su victoria. Historias distintas pero con final feliz son las de Pablo “El luifa” Zárate y José “El majestuoso” Iturria. La del primero, esperada por todos, la del segundo, esperada por él. Hoy tenemos el agrado de contarle a la gente del boxeo que estos dos muchachos debutarán profesionalmente. Que darán la vida arriba del ring, al margen de los resultados. Hoy tengo el agrado de narrarles que dos grandes tipos cumplirán sus sueños. Salud.

José "El Majestuoso" Iturria (derecha) con "Rocky" Giménez

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